domingo, septiembre 24, 2006

Continuación a El Elemento erótico y el vampirismo, respuesta a un foro.

Buenas lunas...

Recapitulando sobre lo que escribí, debo aclarar que estoy hasta el tope de modelos de vampiros románticos. De nuevo aclaro que esta opinión la forjé hace bastante tiempo y aún sigue presente, por supuesto no se trata de imponer ideología sino de exponer un punto de vista que difiere del que creo es mayoría.

El vampiro nació como un ser de horror, no como el ícono de moda que el mundo desea. El vampiro en sus diferentes facetas es un ser que provoca el mal, que ha sido tergiversado en una bonita raza alterna a la humana cuya única diferencia radica en la longevidad y ecosistema...

El ser vampiro no es el único que mata, se enamora, sufre, se alimenta y demás; el propio ser humano puede sufrir, matar, castigar, poseer, erotizar y encumbrarse por sobre los demás sin necesidad de ser sobrenatural.

A través del mundo de la literatura se le dotó al vampiro entre otros seres de semejante naturaleza, de características que se han vuelto casi obligatorias de como es este personaje. Se ha dejado de lado el Horror para dar paso a la fuga.

De hecho la literatura creativa podría ser una fuga de la realidad, lo he leido un par de veces en otros géneros, lo que me atrevo llamar el género novela vampírica no queda excenta de esa cualidad. Pero no por ello se debe caer ene el error de no contemplar más allá de loq ue en realidad se tiene presente.

Los vampiros riceanos no existen, jamás existirán puedo decir, son personajes ficticios que ofrecen un mundo de fuga pero que no debe despegar a nadie de la realidad. Aunque también puedo decir que los vampiros cualquiera sea su naturaleza no existen pero son también una fuga.

Pese a que son seres de mortandad, sin la mayor duda muchos afines a los modelos establecidos se decantarían en caso de preguntarles por un ser con las cualidades dictadas, mientras que otras personas como yo en todo caso preferirían algo más escabroso y cruel, quizá algo como el vampiro estelar de Robert Bloch o Kostaki de la Dama Pálida.

Porque a fin de cuentas nadie conoce y todos suponen sobre la verdadera naturaleza del ser llamado Vampiro y nadie posee la verdad absoluta sobre el mismo.

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