viernes, septiembre 15, 2006

2.05 Una charla en la oscuridad.
(Por Ana F. Ruíz G. / Silent_Natasha)





Después de tomar unos tragos con sus amigos, Luis pasó a recoger algunas cosas olvidadas en casa de uno de ellos. Al llegar abrió la puerta principal del edificio con la llave que le habían dejado en su casa. Subió hasta el último piso, en el elevador pensó en pasar al sanitario de los cuartos de servicio, bebió de más. Al salir caminó diez pasos de frente y dobló a la derecha, se olvidó del sanitario a su izquierda, escuchó una melodía conforme se acercaba al cuarto de trebejos donde recogería sus cosas.

La puerta estaba entreabierta, aún así tocó:
- Pasa – la voz que lo invitaba al interior era cansada, un murmullo apenas audible con la melodía que embargaba el cuarto. All of my life I've tried so hard... Breaking my life in two

La habitación era pequeña, podía mirarse cada rincón desde la entrada, ya había estado ahí. En esta ocasión, una cortina color púrpura y gruesa tela, colocada desde la puerta hasta la ventana formaba un estrecho pasillo, apenas había luz que llegara desde la calle.

Dio un par de pasos, la cortina estaba dividida y asomó la cabeza por el portal improvisado.

- Hola, vengo por las cosas... No veo nada
- Lo siento, cierra la puerta, la llave está en la cerradura, por favor no enciendas la luz.

Una objeción se detuvo en la punta de su lengua, hizo lo que se le pidió. Al acostumbrarse a la oscuridad se dio cuenta de que un atisbo de luz iluminaba levemente la estancia, al menos podía ver siluetas. El alcohol acarició sus fosas nasales, ahí se estaba bebiendo.

- Toma asiento, solo que será en la alfombra, como sabes aquí no hay mucho espacio.
- Claro, pero se supone que solo vine por algo.
- Lo sé pero solo te robaré un poco de tiempo, espero que no te moleste demasiado. Tan solo no quiero estar sin compañía por este momento.
- Ok. Pero es raro lo que pides, pensé que no era santo de tu devoción, -y rió de su comentario- al menos que no merecía que me hablaras desde hace años.
-¿Sabes? Eso fue una tontería, no es que te odiara es solo que tenía el ego lastimado. Ya me conoces rencorosa a morir. Siempre buscando un chivo expiatorio y ahí estabas tu para ocupar el sitio de actos que no te conciernen.

Silencio entre ambas partes permite seguir escuchando la melodía de entrada... Sometimes my courage fell to my feet

- Bueno, y ¿qué haces aquí?
-Nada importante, solo disfruto mis últimos actos.
- Últimos… ¿Te vas a morir?

Espero en vano una respuesta rápida a su sarcasmo, conocía sus depresiones, sabía cada diálogo. No le dio importancia. Siempre lo mismo, aunque es duro catalogar con siempre un acto que solo ocurrió tan seriamente en una ocasión.


- Algo así. ¿Quieres un trago?
- Anda, por qué no. – Bebió, un bouquet delicioso le inundó – Es vino, no sabía que te gustara.
- Hay cosas que no se saben. A veces no te enteras de cosas tan simples cuando no le importa a nadie preguntar.
-Creo entender, pero ¿por qué me has hablado justamente a mí?
-Morbo, supongo. – Suelta una pequeña carcajada.- No, creo que es porque no tengo a nadie más y quien yo desearía que estuviese simplemente está a kilómetros y no me atrevo a llamarle.

Se oyó que bebió de algún lugar, ahora la oscuridad se percibía más y sus ojos no podían ver más que en un inicio. Tenía una sensación de angustia que crecía conforme pasaba el tiempo y la música le dotaba de un ambiente enrarecido, con gusto a desesperación. Podría quedarse, escuchar y resultar no ser nada más que otra charla larga entre licor. Podría irse y seguir la fiesta con los demás sin mencionar el asunto a nadie. Podría, quizás acabar con esa atmósfera y tomarle en brazos para hacerla despertar de un posible trance melancólico. Podría. Podría. ¿Podría?

El poco espacio comenzó a mellar sus miembros. El cosquilleo inició en la parte trasera de pierna izquierda y recorrió el camino hasta la punta de su dedo gordo. La pierna derecha quería hacer compañía a este ardor, pero fue detenida al moverse un poco, mientras su compañera seguía con ese bombardeo de pequeños alfileres picoteando una y otra vez.

Sonó una alarma, era su reloj de pulsera anunció que eran las dos de la madrugada, bastante tarde ya. Decidió hacerla hablar.

-¿Cómo te encuentras? Seguro que ya es molesto ese picor que tienes. Creo que ha sido suficiente el tiempo que me has otorgado lo agradezco mucho pero ya es hora de marcharse a descansar, ¿no lo crees así?
-¿Estás segura?- le sorprendió que ella hablara justo antes que él y lo tomó por sorpresa. La dolencia era predecible así que no le dio mayor importancia.- Creo que no es apropiado dejarte de este modo, déjame bajar a avisar que estás acá para que te lleven a tu cama.
-No es necesario, en verdad, les he dicho que me quedaría con una amiga si bajas ahora se preocuparan y ambos nos meteremos en problemas. Después de todo se supone que no te hablo y te detesto.


Respuestas a situaciones predecibles, cualquiera las piensa pero ella parecía casi adivinar lo que pasaría, tenía una cualidad para adivinar las posibilidades aunque eso lo hace cualquiera que se tome tiempo justo para pensar en lo que vendrá. Algunos lo llaman pérdida de tiempo; otros, extravagancia y unos más tener tanto miedo del porvenir que deben preverlo que encararlo como viene.

Así era ella una temerosa, adivina, una extravagante..., todas las opciones y ninguna al final de cuentas.

-Las cosas están a tu izquierda, ya las sientes ahora tómalas y vete con cuidado a tu casa por favor. – Aún no perdía ese toque de preocupación hacia los ajenos, sea como fuere pedía que uno se cuidara enfatizando el pedido.- Disculpa que no te deje encender la luz pero me duele la cabeza y no la soporto de momento.

Se oyó el ruido que produjo la bolsa al chocar con la pared, sus miembros estaban torpes y seguían doliendo. No se acercó a despedirse sabía que ella no era de las que gustaban de las despedidas con el beso de Judas.

-Gracias por las cosas, mañana paso a dejarle la llave a A... espero que estés bien.
-Lo estoy y lo estaré. Cierra con llave, puedo abrir desde dentro. Adiós.
-Adiós.

Una vez cerrada la puerta y dentro del elevador sintió un escalofrío traspasarle hasta la médula al recordar solo el “Adiós”.

A las 3 de la tarde llamó a casa de A... para saber si podía recibirle las llaves pero el teléfono nunca fue respondido. Esperó a las 5 y volvió a llamar. Le respondieron que estaba en el cuarto de arriba y él decidió ir.

Lo encontró sentado en el umbral, el rostro ensombrecido y un extraño hedor salía del interior de la habitación.

-¿Cómo estás? – Saludó como siempre – Ayer pasé por las cosas te vengo a dejar la llave.
-¿Cosas? ¿Cuáles cosas?- El tono era neutro.
- ¿Cómo cuales? Si ayer me las dio An... bueno hoy en la madrugada.
-¿Si? ¿La viste? ¿A qué hora?
- Como a eso de la 1, estaba cerca y vine. ¿Por qué esa cara?
-¿Hablaste con ella? Imposible.
-No hombre, anoche vine y estuve platicando con ella se la oía mal.

An... murió a las 00.30hrs, de un tiro en la sien, Por ello cuando él preguntó ¿Te vas a morir?, recibió como respuesta ese “Algo así”. Terminó su vida a las 2.05 a.m.

1 comentario:

QANDIZA dijo...

hola solo escribo para pedirte una gran disculpa por poner tu poema sin citar que es de tu creaccion pero me parecio hermoso y solo lo puse de verdad te pido mil disculpas y lo e quitado para no causarte mas enojo ,