domingo, agosto 29, 2004

Transmutación


Las clases de un nuevo curso van a dar comienzo, estoy bien, no me alegra ver caras conocidas que me desprecian, pero tampoco desestimo la idea de envolverme tan bien que no me notarán y seré invisible a los ojos de esos seres. Mis profesores solo me nombrarán y levantaré el brazo para que me anoten presente, de ahí en fuera todo es rutina, creo que mejoraré este año mis calificaciones pues poco me falta para terminar la educación de bachillerato.

Pero me lastima pensar que veré a mi ex novio con una nueva chica del brazo, tan feliz y sonriente; yo no pude entender de qué manera quería que me adaptara a un mundo ruidoso de mentes envueltas en plástico y modas de pasarela. Quizá no lo amé lo suficiente.

Rebeca
12-06-69

Una mujer de esbelta figura cierra de súbito un libro con tapas gruesas de piel, que ha sostenido por más de una hora en sus manos enguantadas, una lágrima roja sorprendió al empleado de la tienda de antigüedades que le atendía y esperaba realizar una venta no muy cuantiosa, cuando ésta cayó en el guante de la dama. Sin dar mayor importancia al suceso se hizo la venta, mientras la mujer salía al tiempo que sonaban las campanillas de la puerta, el hombrecillo se miró en un vetusto espejo que lucía sobre la caja registradora, examinando su rostro, tratando de justificar aquella visión como un signo de cansancio.

A unas cuantas calles de ahí la misma mujer conducía un automóvil negro de fabricación japonesa y de modelo popular, por ello nadie reparaba a mirar en los altos de los semáforos, la gran cantidad de líquido rojo que iba tiñendo su rostro. Tal vez si alguien se atrevió a hacerlo no creyó en lo que sus ojos vieron, pero ni siquiera la propia conductora tenía sospecha de lo que le estaba ocurriendo porque su miraba solo iba y venía con la luz de las señales y a veces se desviaba a la bolsa de papel que dejó en el asiento adjunto. Qué pensaba ella en ese momento que la hacía resaltar sus movimientos robóticos al volante, sin muecas de ningún tipo, sin notar que su ropa se manchaba cada vez que ella cerraba los ojos por una fracción de segundo, casi por mera costumbre que por necesidad.

El auto viró en dirección de una carretera libre de las molestas casetas de cobro, pasó sin ninguna cautela los múltiples accidentes automovilísticos que se daban en una temporada de gran afluencia; pero que le importaba a ella manejar en medio de las ambulancias que socorrían a los heridos junto con los policías que arrestaban y tomaban las declaraciones necesarias e incluso de aquellos periodistas que se detenían en el lugar para fotografiar a los muertos y el estado de los autos. Habrá pasado una hora cuando de nuevo viró para entrar en un camino que parecía en desuso o más bien desconocido por alguien mas, el auto comenzó un violento zarandeo y este tiró la bolsa que contenía el cuadernillo que rasgó la gruesa media usada por el pie que oprimía firme el acelerador. Un último tramo de sacudidas le condujo hasta la entrada de un caserón en medio de la nada, el vehículo se estacionó dentro de la cochera apenas se abrió por completo la puerta automática; de nuevo la mujer con el rostro manchado de rojo caminó hasta la entrada y cerró a distancia el estacionamiento. Subió dos escalones, abrió la puerta con sigilo y lento movimiento casi procurando no ser escuchada desde el interior. Entró al estudio dejando que el dimmer le diera una baja iluminación, apenas suficiente para poder seguir la lectura de la compra con el anticuario, ahora se instaló en el sillón de piel negra y colocó el cuaderno en el escritorio; se veía ansiosa y no le molestaba en lo mínimo la sangre que reposaba seca en su ropa y en su rostro que parecía una máscara fúnebre. Procedió la lectura en una página escogida al azar:

Hoy no fue un día bueno para mí, justo como lo predije lo vi con una chica en sus brazos era feliz y sonreía como antes de salir conmigo. No sé por qué aún me afecta si han pasado cuatro meses desde el rompimiento y dos de ellos sin verlo, aunque parece no afectarme deseo que todo lo que le rodea sea destruido, no me importa cómo ni me interesa si este sentimiento es egoísta y cruel

SOLO QUIERO VERLO LAMENTADOSE DE SU SUERTE
Rebeca
14-06-69

Las páginas ahora figuran en blanco, esa fue la última anotación de un total de 100 días que habían sido descritos con pocos detalles y casi siempre los mismos pensamientos de soledad y olvido, rencor y deseos de venganza dirigidos a varias personas. Unas manos pálidas pasaron todas las hojas del cuaderno con desespero hasta que se topo con una página usada que ya no pertenecía al grupo de muchas otras que se conservaban limpias. Los ojos marrones se posaron sobre la caligrafía de colegiala absorbiendo las iniciales enlistadas, sus manos se tensaron y rasgaron por la mitad aquella hoja de papel al llegar a ciertos caracteres: J. H. P.

La luz aumentó su intensidad haciendo reaccionar a la lectora que se levantó apresurada sin mover antes al sillón lo que le provocó recibir un golpe frío en ambas piernas que le hizo retomar asiento. Un personaje masculino caminó despacio hasta llegar detrás el sillón, colocó sus finas manos en los hombros de la mujer:

Veo que has obtenido algo de valor, ¿cierto Rebeca? Pero no entiendo como has podido descuidar tu aspecto de manera tan horrible- Su voz era melodiosa y grave, seductora, embriagante al punto de no sentir la presión que sus dedos ejercían en sus hombros- Muéstrame tu presea, pero no esperes que te felicite hasta no ver como concluye esta expedición que realizaste sin mi permiso y compañía.

Lávate esa cara, pierdes toda gracia cuando estas sucia. Hablaremos de algo más importante después de tu aseo, ahora vete. —La presión desapareció, una palmada le instó a levantarse mientras observó como la mano del hombre tomaba el cuaderno sin que pudiese ella ejercer alguna acción para impedirlo. – No te preocupes por esto, yo lo cuidaré mientras vuelves. Y arréglate para salir de nuevo, en el camino hablaremos de esto. — El cuaderno provocó un golpe seco en la fina madera de cedro que constituía al mueble.

Rebeca subió maquinalmente las escaleras, en su mente solo pasaban momentos antes de su nueva existencia, para ella era doloroso saber que por fin llevaría a cabo esas amenazas escritas en su diario de escolar; sin embargo su dolor no era por quienes figuran en el, si no más bien por tener que rememorar todo el pasado después de haberlo olvidado tras el cambio. El hombre del estudio le había “regalado” la oportunidad de volverse algo poderoso, más no porque ella lo mereciera o por ser una escogida, solo fue que en un momento de debilidad de corazón, se encontró en el mismo lugar que él. Se podría decir que fue el trueque perfecto.

Al llegar a su habitación eligió la ropa que se pondría, caminó hasta el baño y abrió la llave de agua fría de la regadera enseguida se introdujo. El agua casi podría haber enfermado a un hombre de inmediato, pero hace mucho tiempo que esta mujer no diferenciaba mucho el frío o el calor, pero jamás podría volver a ser lo mismo tomar una ducha caliente sin el riesgo a que el calor acelerara la descomposición de su cuerpo.

Mientras limpiaba la sangre de su cara y cuello sonrió al pasarle por la mente sus fantasías de convertirse en un ser de oscuridad como los vampiros; la alimentación de estos morbosos sueños provenía de libros que compraba con grandes esfuerzos a escondidas de su madre o bien que sacaba de la biblioteca e incluso de aquellos que le prestaban los tomos para leerlos en un par de días. Ahora comprendía que ella también era un ser de la comunidad oscura, que se erige a los muertos vivos, fantasmas y magos de los que leyó con avidez, buscando modos de conjurarlos, de ofrecerse como un miembro más y que siempre le fueron negados. Vaya que era una ironía la forma en que llegó a ser parte de algo que ni siquiera ella conocía y esta conversión no fue romántica como esas novelas describían, no fue elegida por una cualidad, ni observada durante años por un inmortal para convertirse en su amante compañera; no, su rol solo fue estar presente y cualquier persona podría haber estado allí.


Hoy comienzo de nuevo a escribir mis memorias, con la esperanza de que lleguen a manos de la persona que sea destinada para estar conmigo por el resto de nuestras vidas. Pero también tengo miedo de que esa persona jamás llegue y ocurra con este cuaderno lo mismo que ocurre en una película, esa donde solo el diario sobrevive y unos jóvenes lo encuentran y leen, emocionándose con las historias que el autor relata, solo para llegar al fin y saber que no tuvo un final feliz.

Quiero dejar mis palabras como un testimonio de que en la vida no todo es rosa y algunas veces me dan ganas de dejar de vivir, aún no lo intento y no sé si tendré el valor.

Rebeca
12-01-69

Joel emitió un sonido parecido a una risita burlona al terminar la lectura de la primera página del diario de Rebeca. O tal vez no era de burla, podría haber sido una reacción al recordar su propio pasado antes del cambio que le ofreció a la chica en aquella noche de actos violentos, donde en lugar de tomarla para sí la compasión hizo espacio para un acto benéfico. Este error le habría costado la vida de no haberse desatado aquel fenómeno de causa no natural que dejó tantas fuentes de vida a su alcance.

Él caminó hasta donde le esperaba la chica engalanada conforme a su compañero, le ayudó con el abrigo y salieron de vuelta a la ciudad. Durante el camino el aire acondicionado permaneció encendido, al punto más frío, ellos parecían estar mas que a gusto con el pequeño lujo que les ofrecía la tecnología. Pocas palabras salieron de sus bocas, nadie quería tocar aún el tema de la salida de Rebeca sin la compañía y protección de Joel, era como si desearan solo disfrutar el espectáculo al que se dirigían sin tener complicaciones antes de llegar.

El auto se detuvo en la entrada principal del Bosque, lugar donde se presentaría El lago de los cisnes. Rebeca había deseado tanto ver esta obra en aquel lugar, sus ojos brillaron y recordaron; esta obra sería representada en un escenario natural el mismo lago que era famoso por ser el más grande y visitado al sur de la ciudad donde se encontraban. Cada año la compañía de teatro acaparaba la atención de políticos, luminarias de televisión y personas adineradas, a pesar de que el lugar no cubría las expectativas del teatro de B. A., los boletos se agotaban en cuestión de dos días.

La luna brillaba como un frágil rasguño, el aire frío rozaba las caras de todos los presentes, las mujeres dudaban en quitarse los guantes mientras los caballeros trataban de ocultar las suyas estrechando las manos de cuanto conocido se les acercaba. Una representación sublime de hipocresía y veneno fue lo que disfrutaron antes de que comenzara la obra, y con ello buscaban lo que sería su próxima fuente de vida, como lo venían haciendo hace años.

Divisaron pronto a los prospectos, al término del primer acto se presentaron ante ellos ganando su confianza de primera impresión. Compartieron con ellos los asientos contiguos luego de que una de estas personas despachara a quienes los acompañaban a los lugares que Rebeca y Joel dejaron vacíos, cosa que no tomaron con mucho agrado.

Al fin concluyó la obra, tan excelsa como la crítica periodística había anunciado, casi hace que de nuevo Rebeca derramara lágrimas rojas, pero gracias a su vigilante compañero logro contenerse porque de otro modo su naturaleza infrahumana se hubiese revelado. La conversación con sus nuevas presas se tornó aún mas amena al llegar a un bar Barón Rojo, donde pidieron la mesa que estaba en la terraza; las copas comenzaron a circular entre los dos personajes del balcón una tras otra hasta que sus lenguas no podían conjugar un verbo sin trabarse justo a la mitad.

Uno de ellos acarició la pierna de Rebeca por debajo de la mesa de cristal, ella no emitió una sola queja pues de antemano sabía que aquella ofensa no se volvería a repetir en su persona ni en la de nadie más. El lugar poco a poco fue quedando vacío y un mesero se acercó a la mesa al aire libre:

- Disculpen señores, el lugar cerrará en 10 minutos y el gerente me ha pedido que les avise para poder liquidar la cuenta- los dedos de Joel rozaron la manga del muchacho haciendo el ademán de bajar un poco la cabeza para susurrar una petición un tanto absurda.

Solo tráenos una botella de vino para el camino y la cuenta por favor – el mesero quiso hacerle saber que no se vendían las botellas de esa manera, pero en cuanto sintió en la bolsa derecha de su mandil algo que parecía ser un fajo de billetes le dijo al caballero que enseguida traería la cuenta, pero que la botella tendría que dárselas por la parte de atrás del bar. Un gesto de Joel le hizo retirarse mientras informaba a sus compañeros que la fiesta debía seguir en otro lado, Rebeca se levantó e igual le imitaron los hombres completamente ebrios.

Rebeca esperaba junto al auto a que Joel regresará de la trastienda del bar, una patrulla daba la segunda ronda y al acercase a la chica no vacilaban en dejar salir todo aquello que podía haberse calificado de halago en otros submundos de la ciudad, quizá ella podía darse la vuelta y jugar con ellos pero en esta noche tan especial no le convenía hacer un movimiento en falso pues su existencia estaba en las manos de Joel, como lo había estado por mas de 20 años, podría ser que ahora se arrepintiera de ser una buena samaritana y hoy sería una mujerona anciana, lamentaba no tener aún el valor para acabar con su vida.


Se fueron directo a casa con aquellos individuos que esperaban mas que una botella de vino al mirar sin disimulo el cuerpo de Rebeca, durante el trayecto no pararon de insinuarse e incluso preguntarle directamente de que manera le gustaría mantener una sesión sexual con ellos, nada les cerraba la boca pero la piedad, si es que de alguna manera podría llamarse, del reproductor de cd´s le hizo corto el viaje. Ella descendió del automóvil y corrió a la puerta, los demás le seguían con paso lento mientras la sonrisa de su compañero se retorcía en una mueca de desespero y triunfo; Rebeca quitó el tapete que cubría el piso lleno de símbolos desconocidos y a la voz de Joel los dos hombres se derrumbaron sobre estos mismos.

Los dos ebrios despertaron en una habitación iluminada por una vela que amenazaba con dejarlos a oscuras, se levantaron torpemente y cayeron a consecuencia de las ataduras que llevaban al cuello, el ruido de una puerta sobre ellos les hizo despertar de la borrachera que tenían encima, pues no sabían si estaban secuestrados o solo era una mala broma. Se miraron uno al otro y se preguntaron su estancia en ese lugar, atinaron al decir que habían conocido a una pareja con la cual salieron del espectáculo; la remembranza de los hechos fue interrumpida al ver que otra vez la puerta invadía con su rechinar el cuarto.

Una escasa luz del exterior les dio un panorama desalentador, las paredes estaban cubiertas de extrañas manchas, que pudieran ser una extraña forma de arte si querían ser optimistas sin embargo la ola de furia e incomprensión de su futuro los hizo estallar en vociferaciones callejeras al ver que la pareja bajaba con calma y en silencio hasta ellos.

Las palabras de profetas inhumanos salieron de aquel hombre delgado y sus ojos encendidos de luz infernal causó el rechinar de dientes en los presentes y el horror menguó sus mentes cuando de la nada una luz sepulcral iluminó el lugar completamente, dejando al descubierto los huesos de otros desdichados que encontraron su fin en aquel lugar. Sus lenguas quedaron mudas cuando un rostro envejecido y repugnante, sin definición de sexo alguno, salió de aquel portal de luz.

Los rostros de Rebeca y Joel no cambiaron su expresión seria y sin vida, estaban tan acostumbrados a este ritual, al ser que emanaba de ese portal de luz, las caras desfiguradas por el miedo de aquellos que eran las presas y con lo que les esperaba al continuar el proceso de alargar su vida. Pudiera pensarse que Rebeca sentía pena por ellos así como sintió pena por ella misma al recuperar su diario de estudiante y derramar lágrimas, pero la ironía más grande era que la pena por otros fue el anzuelo para su cambio, esa lástima que sintió al tener el cuerpo muerto de aquel niño que conocía desde que sus padres se mudaron a vivir al edificio de departamentos donde habitaba y que solo bastaba dar tres pasos para llegar a su puerta y ver su cara infante, el sentimiento compasivo le llevó a enfrentar lo que era hoy su modo de vida.

Al encontrase atados de los miembros inferiores y superiores así como del cuello los intentos de alejarse de la cara que estaba sostenida aparentemente por el aire eran fracasos, todo el efecto del alcohol ingerido se dispersó debido al terror que sentían en el corazón, sus labios incapaces de emitir sonido solo alcanzaban a gesticular muecas horrorizadas; los murmullos que provenían de la boca de ese hombre con el que compartieron el espectáculo hicieron que la piel se les enfriará no entendían nada pero conforme Joel seguía recitando, la cabeza tomaba la forma de los seres que las víctimas conocían, un acto cruel de despedida. Llegó el momento en que los susurros fueron silencio y en su lugar solo se podía escuchar la respiración agitada de los hombres, el rostro del umbral retornó a su forma original, al mismo tiempo la mujer que estuvo siempre en silencio y con la mirada fija en la cara de su compañero, sacó una mesita plegable, dos cuencos pequeños y un puñal que extendió delante del rostro flotante y se quedó ahí hasta que Joel se acercó y comenzó un nuevo procedimiento.

Abrió la palma de su mano con la punta del puñal, dejó caer una gotas de sangre oscura en uno de los recipientes, a continuación tomó la palma de Rebeca y repitió el movimiento; las palabras extrañas brotaron de nuevo, Rebeca ya no podía seguir mirándolo pues aquel momento requería sus mirada fijas en la cabeza, como un par de autómatas tomaron con los dedos una cantidad de líquido para dejar unas marcas en el rostro viejo para que este supiera a quien debía servir y a quien no. Al término de la fase se retiraron como si una bomba fuese a caer sobre ellos al tiempo que Joel entonaba un cántico, la cabeza se duplicó y los ojos que permanecieron cerrados se abrían dejando ver una luz violeta antinatural. Los hombres del teatro se movieron desesperados, queriendo romper sus ataduras en vano; sus ropas fueron arrancadas por manos invisibles dejando sus pechos al descubierto, las cabezas se acercaban con las fauces abiertas a las que les brotaban filosos dientes propios de bestias, ahora algo les desgarraba el cuerpo dejando al descubierto su órgano mas preciado. Desearían haber perdido el sentido pero desgraciadamente los sacrificados pudieron ver como cada cabeza se hundía en sus cajas torácicas devorando su corazón con tal ferocidad que los conjuradores se vieron en medio de una oleada de sangre que no solo los manchó, sino que alcanzó a los huesos más viejos que se encontraban en el cuarto, las paredes lucían un color carmesí mas profundo y vivo.

¿Cruel? ¿Me llamas cruel? ¿Crees que este rito lo inventé yo, que todo esto me agrada más que nada? – Dijo con un ligero tono de agresividad y sus manos tomaron con temblores el rostro de Rebeca. - ¿Por qué esta discusión esta frente a nosotros cada hora después de lograr prolongar nuestra vida? Respóndeme Rebeca.

Ella le temía sobremanera, pues sabía que eso era lo más agresivo y salvaje que podría ponerse en esos momentos. No podía responder de ninguna forma, entendía que no era forzada a seguir al lado de Joel y mucho menos seguir con aquel modo de vida que había adoptado por propia decisión hace veinte años. Quizá en este momento ya soportaba la mirada con luz renovada de ese sujeto...

Rebeca, ¿por qué sigues conmigo, lo sabes? – Dijo el hombre dejando en paz la cara de la mujer y se dio vuelta para sentarse en el sillón del estudio- Jamás respondes mis preguntas pero siempre osas juzgar el rito, mi regalo, el que compartí contigo por una debilidad de lo que me sobrevive de humanidad. Nada te obliga a permanecer a mi lado; sabes que puedes darte la libertad con solo decidirlo.

Los ojos de Joel se volvieron a posar en las facciones de la mujer, no necesitaba que ella diera algún argumento, la cobardía para realizar el acto de quitarse la vida la corroía y se dejaba ver, sentir e incluso podía olerse con estos momentos de tensión que surgieron varios meses después de conocerla durante aquella noche de incendio. Conocía la mente de aquella joven que imploraba por la vida de un niño que moría en sus brazos, presenció el momento de la exhalación que dio paso al silencio del corazón infante; una chica desamparada, cubierta de cenizas con un niño en brazos, que lloraba y gritaba en medio del humo en una calle desierta, cerca de donde él había celebrado un rito más para seguir vivo, la humanidad se agitó dentro de él, pero dudó en acercarse, no era como engatusar a un ser vil para ser parte de su larga existencia.

Un sentimiento le acercó a sus recuerdos de décadas pasadas, él mismo se miró en las rodillas de la chica, se reflejó en sus brazos y se vislumbró con horror en sus ojos lagrimosos cuya única luz provenía de las llamas, la noche carecía de luna; la fecha era 9 de noviembre de 1969.

La salida del sol sorprendió a Joel en meditación, poco descansó en aquel sillón. Aunque su vida cambió conforme cambiaban las décadas, su metabolismo avanzaba muy poco, casi como si su cuerpo estuviera muerto, el corazón ya no latía a ritmo, se movía ocasionalmente; la vejez, que hoy debería ser algunos huesos y polvo, no pasaba por él, su piel lucía igual que hace varios lustros cuando era un hombre de treinta y tres; las necesidades físicas como dormir y beber seguían activas, a veces extrañaba el sabor de un pastel de fruta, las golosinas que le daba su madre al ser un niño bien portado; pero él pensó durante meses en este modo vida antes de tomarlo ya no cabía lamentarse por el sentido del gusto, el tacto seguía presente torpe y el olfato; vaya desgraciado que lamenta el gusto cuando el olfato aún le mantenía con un pie dentro de los humanos.

Era extraño su modo de vida, un médico no podría haber descifrado la perfecta conservación de algunas de las funciones del cuerpo y el completo alto en otros órganos, moriría si examinara y viera que se conservaba su estómago solo como un adorno más. Sin embargo el agua era necesaria, los líquidos que eran absorbidos para mantener viva la carne; el frío no era un factor indispensable pero ayuda a la conservación por ello prefería los días nublados y de lluvias copiosas, salir durante el alba, caminar durante las noches. Nada les era impedido, si, incluso Rebeca formaba parte de su rutina.

Rebeca – musitó para sus adentros, qué era ella ahora, tal vez solo un instrumento, una compañía como pudiera serlo un gato. Caminó hasta la puerta del estudio, pero regresó al sillón como si algo se le olvidara, sacó el diario de la chica, caminó hasta las escaleras, titubeó al subirlas y espió a la que yacía dormida en medio de sábanas sucias.

Ella lloró hasta dormirse, como era su costumbre después de las peleas con él, ahora ya no le parecía tan inapropiado verla sucia mientras su rostro destilaba una paz pasajera. Joel sabía la razón por la cual esa mujer no lo abandonaba, necesitaba de él para sobrevivir solo era eso, necesidad; pero por qué no le daba las pautas para marcharse, había más de una salida...

Te necesito tonta – y se dio la vuelta para entrar en su habitación donde se dejó caer en la suavidad de su cama. La colcha dejó escapar el aroma de lavanda conservado por la falta de uso de esa habitación, el olfato de Joel disfrutó la esencia con toda su faz, sus ojos pedían cerrarse y fueron complacidos. El día transcurrió solo con los sonidos ocasionales que da el campo.

Alrededor de las cuatro de la tarde, el brazo izquierdo de Joel abrazó contra sí el libro de su compañera, se volvió boca arriba depositando en el pecho el objeto. Encendió la lámpara, las contraventanas fueron selladas para impedir que el sol invadiera la casa:

Es común que las gentes escriban en sus diarios Querido, como si este montón de hojas atadas representara más que eso, para mí solo sirve de recordatorio, no hay un verdadero afecto a este libro.
Siento una leve distancia entre las personas normales y yo; la otra tarde llegaron de visita unas primas. A pesar de que siento aprecio por ellas detesto sus cotidianas charlas y preguntas sobre su tema favorito, los novios claro está, yo no puedo decir mucho de esto, aún no tengo. Escuché los ideales que ellas deseaban para una vida adulta, prospectos iguales a los cuentos de princesas, se rieron de mí cuando yo les dije que no era lo que deseaba y por respuesta unísona recibí: ¡Estás loca, prima!
Con fingido interés preguntaron mi ideal, y solo atiné a nombrar al mito más atractivo de la literatura, un vampiro. Las risitas se convirtieron en carcajadas, corrí a encerrarme a mi cuarto y ahora estoy gastando tinta en hojas sobre un incidente que suele pasarme con ellas.

Rebeca
Sin fecha


She'll come, she'll go. She'll lay belief on you Skin sweet with musky odour The lady from another grinning soul - la voz de David Bowie le llegó desde la planta baja, quizá la sala o tal vez el estudio, la canción preferida de Rebeca resonó con mayor fuerza al bajar las escaleras, buscó el origen de esos sonidos que tenían la capacidad de hipnotizar a la chica, estos lo guiaron a una habitación en donde la puerta era solo un recuerdo y contempló a Rebeca recostada en el piso junto a una ventana que permitía el paso de la luz de la tarde agonizante e iluminaba parcialmente las figuras de ella y de Joel:

She will be your living end She will be your living end - repetía la chica al tiempo que la voz del cantante se desvanecía con esas notas. A pesar de notar la presencia de Joel se quedó inmóvil como si no estuviese, pero algo se comenzaba a formar en su interior, se sentía nerviosa y si su rostro lo hubiera permitido este se habría puesto rojo para delatar su vergüenza al ser sorprendida así.

¿Cuánto llevas ahí? – Preguntó calmada

No mucho realmente, solo el tiempo para escuchar como terminaba la pieza – Jaló una silla y se sentó como si fuera convidado a quedarse. - ¿Dormiste bien?
Poco, me sentí cansada de estar en cama y opté por escuchar algo. –
Rebeca seguía en su posición mientras el reproductor cambiaba la canción, la voz del camaleón amenizó el lugar con el ritmo tranquilo de Thursday's Child:

All of my life I've tried so hard
Doing my best with what I had
Nothing much happened all the same ...

Vaya combinaciones puede hacer la tecnología, tendrías que haberte levantado a cambiar el disco para poder escuchar esta selección de canciones, pero hoy solo decides que mezclas escuchar. –
Miró al reproductor un instante y bajó la mirada al rostro cuyos ojos se hallaban clavados al techo como si algo único estuviese ahí y pudiese verlo solo ella. – ¿Rebeca?

Mande. -
Pausa- Supongo que ya nada es tan nuevo para ti como antes, ¿No?

Joel ahora tenía la cabeza en la misma posición que ella, buscando en un principio y contemplando algo que solo sus ojos pudieran ver. – Quizá ya todo es tan repetitivo que no hay nada que sorprenda. Todo cambia para ser más eficiente y hacer de los seres humanos simples carnes holgazanas que dependen de un botón para reír o llorar. Ya nada tiene la capacidad de activar esas mentes, nada que las impulse a saber cómo y por qué funcionan las cosas más simples de su entorno. Pronto se podrá redactar un libro con solo pensarlo.

Continuará

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